Nútrete para Nutrir

Formación para acompañar a otras mujeres, cuatro meses de enseñanzas en torno a la mujer, ciclicidad, autoestima y empoderamiento femenino entre otras…

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NUTRIRME PARA NUTRIR



-Me levanto con una energía que podría cambiar el mundo, podría conseguir cualquier cosa que me propusiese.
-Me levanto empática, receptiva, soy diplomática y pongo en alza la frase – elijo ser feliz frente al tener razón –
-Me levanto y quiero estar sola, conmigo, introspectiva. No me apetece expresar y posiblemente todo lo que se me diga me parecerá regular o mal. En definitiva “no me aguanto ni yo”
-Me levanto y soy la aprendiz de hiervas más pro que conozco, dejo ir lo que no me aporta y me enfoco en mi parte mas espiritual.

Me levanto, sea como sea, siendo mujer, y desde el más puro desconocimiento me aferro a la idea de que todos y cada uno de los días del mes, tengo que tener las capacidades pleno rendimiento para hacer todo lo que pretenda y se espere de mí. 
Y sí, seguramente sea capaz de llevar a cabo una creación, tener una reunión fructífera o ser lo suficientemente asertiva en cualquiera de los días que componen el calendario, pero eso no quiere decir que me esté escuchando, que me esté honrando como mujer.

Llego a esta conclusión cuando observo lo costoso que se me hace algunos días desempeñar algunas tareas que otros me salen de forma automático ligera. Observo que unos días podría mover una montaña y otros solo quiero hacerme bolita en medio de la nada. Observo que soy mujer y que tengo un ciclo que cuanto menos tengo que conocer.

Ha sido conocer a Gemma Cazorla y gracias a las sinergias que vengo viviendo en mi vida últimamente que he descubierto la importancia del ciclo en la mujer y que conociéndolo es posible responder a todas mis preguntas a cerca de mis estados físicos, emocionales y espirituales.

Hoy he comenzado con un Taller Virtual maravilloso liderado por la Maestra Gemma, llamado Nútrete para Nutrir.

En este taller reúne las mejores enseñanzas recogida a lo largo de su extensa formación como Maestra Reiki, Doula, Moon Mother, Terapeuta Menstrual, Facilitadora de Círculos de mujeres y organizadora de Blessing Way entre otras… para que otras mujeres puedan acompañar nuevos grupos de mujeres y se cree una red maravillosa de mujeres poderosas que guían a otras mujeres a través de una serie de talleres y rituales enfocados a conocerse desde lo femenino. 

Hoy he dado los primeros pasos en un mundo hasta ahora desconocido para mi y que solo puede que aportarme empoderamiento, crecimiento y amor por mi feminidad en un ambiente íntimo y respetuoso.
Tengo el privilegio de formar parte de esta primera edición que ha sido un éxito desde su promoción hace unas semanas.

Con nervios y emoción escucho el primer audio sobre el contenido del taller que tendrá una duración de 4 meses y en el que formare parte de un grupo de apoyo a través del cual se compartirán músicas, rituales, meditaciones, documentos de trabajo y vídeos con las enseñanzas de la semana.

Ciclos, rituales, chamanismo, mujer diosa, mujer hechicera, espacio sagrado… son palabras que hace solo unos meses hubiese asociado a “brujería” (usada esta palabra con todo el amor y respeto del mundo), pues si de brujería se trata…
Vendita sea que me hace poderosa, conocedora de mi cuerpo, que me hace mujer cíclica, doncella, madre, bruja, hechicera. 
Vendita brujería que me hace MUJER QUE SE RESPETA Y SE HONRA


Mujer doncella
Virgen, luna creciente, primavera…


Unen al periodo de la preovulación de la mujer el arquetipo de la doncella, por encontrarse en ese renacer post menstrual y por conectar con la esencia mas inocente y niña.

Dice la Wikipedia que se entienden los arquetipos como patrones e imágenes arcaicas universales que derivan de lo inconsciente colectivo y que son la contraparte psíquica del instinto. Dicen de ellos que son formas autónomas y encubiertas que se transforman una vez acceden a la consciencia y se les da una expresión particular por parte de los individuos y sus culturas.

Lo que para mi significa que son representaciones de algo que existe solo en las historias vinculadas a tradiciones, religiones y culturas.

Siempre me han llamado la atención los arquetipos, esas imágenes con aspectos de todo tipo, dioses mitológicos que parecieran bajados del mismísimo cielo o traídos de los mas profundos infiernos. Me apasiona el misticismo y la magia que encierran estas imágenes, estas representaciones.
Segunda semana del taller Nútrete para Nutrir de Gemma Cazorla. 
Me intriga la forma en la que se crean esos escenarios llenos de cositas varias, cada una con un significado, cada una con un alma. 
Los llaman altares, y gozan de ser lugares de veneración, que lejos de tener connotación religiosa, suponen crear un espacio lleno de flores de colores que recuerden a la naturaleza, inciensos de olores que te lleven a diferentes lugares, imágenes que te recuerden un tiempo pasado, y todo tipo de símbolos que ayuden a trabajar e inspirar la temática de ese día por el grupo de diosas que queden reunidas en un espacio determinado. Crear un altar es dar alma a un espacio físico, es llenar de magia una habitación de cuatro paredes, crear un altar es dar vida a la energía que sin duda se crea alrededor de este espacio. 

Parece cosa de santería y de nuevo me hago consciente de los prejuicios vertidos en torno a la creación de estos espacios cuando la verdad es que en mi casa tengo una habitación llena de atrapa sueños, hadas, luces tenues y olor a frutas del bosque. En mi casa he creado de una habitación de cuatro pareces, un autentico lugar lleno de magia en el que duermen mis hijas libres de pesadillas y de monstruos imaginarios.

Goza un rincón de mi salón de todas las obras de arte pintadas por mis dos artistas, un bambú metido en un sencillo jarrón de cristal de forma cuadrangular llena de piedritas de todos los viajes al campo que hemos hecho. Hay un pequeño peluche de cuando una de ella nació y un par de varitas mágicas con un cascabel del último cumpleaños celebrado… tengo la casa llena de pequeños altares que venero por el alma que tienen, por la vida que dan.

Con altar o sin el, con arquetipos mágicos o no, considero que no tenemos educación a cerca del ciclo de la mujer, al menos no la suficiente. En mi casa siempre se trataron los temas con total normalidad y confianza y aun así, oculté durante meses a mi madre haber tenido mi primer periodo.

Naturalizar, hablar, informar y tratarlo como cualquier otro tema que conforma nuestra sexualidad y nuestra vida como mujeres creo que compone uno de los pilares más importantes en el sano desarrollo de nuestras hijas.

Habla Gemma de la conexión que se crea entre madres e hijas en sus talleres para tratar el ciclo de la mujer y la primera menstruación de las niñas. Habla de hacernos mujeres conscientes que lideren de forma sana espacios seguros en los que compartir con las niñas que serán las futuras mujeres que formarán nuestra sociedad.

Como madre y como mujer tengo la necesidad de aprender a acercarme a mis hijas, de crear ese espacio de confianza y de libertad. Tengo la inquietud de poder sostener sus momentos de cambio, sus dudas en torno a su desarrollo. Como madre y como mujer quiero compartir con mis hijas el paso de niña a mujer viviendo libres al son del preovulatorio, al paso de la doncella.


Mujer madre
La amante, la fase ovulatoria o de la luna llena…


Todas hacen referencia a ese momento en el ciclo de la mujer en que a mi modo de sentir, somos “mamá gallina” y no solo por que tengamos hijos, sino porque tambien tenemos madre, porque tenemos ese sentimiento tierno de cuidar a los nuestros.

Acompaña el curso de la semana un cuento maravilloso que adjuntaré narrado por la misma Gemma para que podáis inundaros de la mágia que contiene en sí mismo, más allá de creencias varias. El cuento es el de la mujer árbol.


Nos regala Gemma entre muchas otras reflexiones en su curso Nútrete para Nutrir, una canción final para reflexionar.

Esta semana será ahí donde me detendré, y en lo que me gustaría hacer hincapié. Soy madre, y bien podría detenerme en mi propia maternidad, pero escuché aquella especial canción y todo me indicó que de quien quiero hablar no es de mí como madre, sino de mí, como hija hacia su madre.

Me vienen recuerdos de la que creo ha sido una de las épocas más duras a nivel de desarrollo emocional, la adolescencia que viví, y no solo viví, sino que hice “padecer” a mis padres, en especial a mi madre.

Ahora, visto en la distancia, me avergüenza la idea de recordar que hubo un tiempo en que odia a mi madre, la odiaba profundamente.

Esa mujer que todo lo criticaba, que siempre hablaba en imperativo. Esa mujer que me cuestionaba, censuraba y que me hacia la vida imposible. Esa mujer que no era justa conmigo. No era yo tan mala malísima, ni tan rebelde, ni tan contestona y “respulera”… o eso pensaba desde lo más profundo de mis adentros. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Era, aunque no fuese consciente, una adolescente de manual, de riguroso manual, pero yo no me sentía así. Sentía que era una incomprendida y que a pesar de que a mis hermanas también se les exigían determinadas tareas de convivencia, las mías siempre eran más duras y estrictas… o eso creía. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Me escapé varias veces de casa, con la supervisión de mis hermanas, éramos una piña y a pesar de que no siempre estaban de acuerdo de las decisiones inmaduras que tomaba, siempre me apoyaron, me hice un piercing en el ombligo siendo menor y acudiendo sola y a escondidas a hacérmelo, eso supuso una grieta enorme en la confianza que se había depositado en mi, si es que alguna vez se confió en mí, o eso pensaba. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Creo que fui acumulando decepción tras decepción en mis padres, fui la primera en suspender un examen, la primera en repetir un curso, me fui a estudiar fuera porque quería bailar  y tiré un año entero a la basura a costa del esfuerzo económico que mi “capricho” suponía para mis padres, suspendí el carnet de conducir,  me casé joven y me divorcie a los dos años…  una joya…

Nunca entendí porque mis padres eran tan “censuradores”, no lo entendí hasta que me independicé, y eso fue pronto porque necesitaba salir de un lugar en el que no consideraba que se respetasen mis “derechos” ni “libertades”.

Maduré, y empecé a ver con perspectiva. Empecé a conocer el miedo que movía a mis padres a la hora de educar a sus hijas, entendí el dolor que cada fracaso que yo vivía también lo padecían ellos. Maduré y entendí cada uno de los pasos que dieron mis padres, que dio mi madre, todos y cada uno de ellos.

Ahora soy yo la madre y no creo saber hacerlo mejor de lo que lo hizo ella conmigo. Es más, espero que llegado el momento, sea yo la que tenga la entereza que demostró ella siempre frente a sus hijas en pro de que fuesen las mujeres que son hoy.

Es en buena parte gracias a ella que somos mujeres integras, responsables, amorosas con los nuestros, empáticas, luchadoras y sobre todo libres, somos mujeres libres, como siempre lo ha sido ella para nosotras y es ahí donde reside la grandeza de una madre para sus hijas.

A día de hoy sigo acumulando aprendizajes y éxitos en mi vida, sigo siendo la hija que arriesga para ganar, la que no teme a nada y sigue adelante, por un camino que aprendió del mejor ejemplo que tuvo, tiene y tendrá en su vida, su madre.



Mujer Chamana
Poderosa, mágica y libre...


O eso me creo cuando intento vivir cada ciclo de la misma forma.

Frustración, es el resultado de no escuchar a esa parte mí, de mujer “chamana” que me está hablando y que me empieza a decir que el tiempo de ser la mujer que llega a todo y que tiene una energía volcánica no es respetada, hay que empezar a poner freno y escuchar lo que nuestro cuerpo necesita.

Las mujeres de nuestro tiempo, aunque el de mi madre ya apuntaba maneras, vive con libertades, muchas, más de las que nuestras abuelas pudiesen imaginar, pero a veces, esas libertades y dotes que 

como mujeres tenemos para liderar empresas, ser pluriempleadas, emprendedoras, dotes para ser madres de familia, ser amigas, amantes y en definitiva todopoderosas, guarda un filo peligroso, porque a veces, no somos conscientes de que ser mujer también implica cambios de humor, estado y ciclo.

Amarnos como mujeres parte de respetar la forma en la que vivimos estos momentos y cambios, permitiéndonos la frustración, las lágrimas y hasta la rabia de no llegar siempre a todo, porque no siempre hay que llegar a todo, porque sencillamente no hace falta llegar a todo.

Me gusta de este momento del ciclo, premenstrual, que nos planteamos mil y una cosas a cerca de nosotras, nos preguntamos si la vida que estamos viviendo es la que tenemos o si queremos romper con algo y volver a empezar.

Se pone al lado mas oscurillo de este momento, que soy excesivamente crítica conmigo misma, vierto juicios sin pudor hacia lo que hago y hacia lo que soy por fuera y por dentro, no me gusto especialmente, me lo cuestiono todo…

Los altibajos son enormes, así que teniendo conocimiento de ello, seré benevolente conmigo misma y esperaré que estos días más flojos pasen sin tomar demasiadas decisiones.

Solo puedo sacar y sumar aprendizajes enormes sobre mi, gracias de nuevo a tan enorme maestra y portadora de dones femeninos. Vamos a por el siguiente arquetipo, el siguiente periodo del ciclo.

De momento, participaré en los círculos de mujeres programados para abril, es importante sentirse acompañada y sostenida por otras mujeres. No estamos solas.


Mujer Anciana
La noche, el frío...


Me irrita el sonido del despertador
Me molesta lo que veo en el espejo de buena mañana cuando me caigo de la cama
Me crispa el reclamo a cerca de la temperatura de la leche del desayuno y del tostado de la rebanada de pan.
Me enfada todo, en definitiva, todo.
Como cuerpo sin mecha salgo a vivir las rutinas siendo muy consciente de que cualquier chispacito por pequeño que sea, me hará explotar.

¿La razón? Escucharme y respetar mi momento del ciclo no entra en mis planes y me empeño en seguir el ritmo habitual cuando realmente solo quiero estar “hacia adentro”

Momento de vivir el arquetipo de la anciana, la noche, el frío…
Introspección es lo que me reclama el momento, descansar física y emocionalmente. Entender que todo lo que no descanse en estos momentos más flojitos y en los que parte de nuestra energía se ve desprendida de forma natural, lo arrastraré el resto del mes.

A pesar de ser este momento de menstruación un momento de mirar hacia adentro y de descanso, mi mente y alma creativa empieza a renacer, así como me ha enseñado Gemma, he de apuntar todas esas creaciones que surgen en mi cabeza para que cuando esté con la energía adecuada pueda llevarlas a cabo. 

He aprendido de este oscuro momento de encierro en mi misma, la necesidad de traer a esta “anciana” en mi vida diaria y cotidiana, para ayudarme a parar, coger fuerza y seguir.


Circulo de Mujeres
El poder alrededor de una hoguera  


Necesitamos volver al pasado, a nuestro estado más primitivo para conectar con nuestra esencia de mujer, con nuestra visión grupal, familiar, de tribu.

En estos tiempos en los que prima la individualidad, el autoconocimiento, el andar en pro de nuestro propio beneficio y el de los nuestros, no podemos olvidar la importancia de sentirnos dentro de un núcleo, tribu o grupo social.

Ayer, de nuevo Gemma me sorprendió con uno de sus talleres llenos de mágia.


16 mujeres alrededor de una hoguera de altas llamas sintiéndose libres, sintiéndose poderosas, sintiendo el apoyo y sostén de otras mujeres. Ayer participé por primera vez en una tribu de mujeres, un circulo de hembras, féminas, damas, señoras, señoritas, doncellas, muchachas, mozas, chicas…mujeres, honrosas mujeres.

Me tranquilizó mucho escuchar a todas las componentes del círculo, cada una de un lugar diferente, cada una con una misión de vida diferente, cada una única e irrepetible, cada un especial y diferente de la otra. Es ese tipo de cosas las que hacen ricos estos lugares de acompañamiento femenino. Me emociona ver la cantidad de “poderes” que se pueden enumerar solo por el sencillo hecho de ser mujer, y me centro en las mujeres por ser este un circulo femenino.

Desde que empecé con mi crecimiento personal y mi trabajo de autoconocimiento, he venido observando la desconexión que tenía con otras mujeres, mi individualidad en ese aspecto, mi desarrollada  esencia masculina enfocada al deber, mi alter ego de mujer madre, creativa, emprendedora y autosuficiente. Si bien siempre he sido amiga de mis amigas, nunca he acumulado gran cantidad de ellas, y siendo mis hermanas las que han encabezado las listas a lo largo de mi vida, he tenido poca necesidad extra de pertenecer a “grupos” de mujeres. Fue el momento de ser madre el que me dió el primer impulso a buscar la empatía y el soporte de otras mujeres que como yo, vivían cosas a las que no siempre sabemos hacer frente.

Siguiendo la línea básica del ser humano perfectamente imperfecto, necesité verme encerrada y contra las cuerdas para empezar a valorar que los grupos de mujeres y las tribus que se formaban en torno a diferentes temas y estilos de vida, eran más que algo enfocado a personas espirituales y de forma puntual en la vida de una mujer.

Ahora, formo parte de diferentes grupos tanto mixtos como de mujeres, de diferentes culturas, países e ideales, y aunque sigo acumulando un puñado de amigas especiales con las que comparto mucho más que circulo común, estoy encantada de la oportunidad que en esta ocasión Gemma Cazorla me ha brindado de sentirme como en casa. Acompañada de grandes mujeres con las que compartir todo el poder de la esencia que contenemos como energías femeninas.


Guía del Taller Nútrete para Nutrir

Mi nombre es Gemma Cazorla Richarte, soy Maestra de diferentes sistemas de Reiki: Sistema Tradicional Usui, Okuna, Tera Mai, Egipcio, Karuna (William Rand), Karuna Prakritti, Horus, Chamánico y Lunar , Doula y terapeuta y formadora de Técnica Metamórfica, Flores de Bach, Esencias de la Atlántida, guía en círculos de mujeres, etc...


 QUIERO CONOCER MÁS 

Gemma Cazorla
Maestra Reiki
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