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y entonces, desperté


He plantado la semilla, la he dejado tapada, y ahora solo le tengo que permitir SER.

La oscuridad le permitirá hacerse fuerte en silencio, en pura introspección y de su interior darán lugar pequeñas y finas raíces. Raíces que con el tiempo y el amor necesario se convertirán en anclas que unirán la vida con la tierra.

Y así, de la misma forma que lo hace una pequeña semilla enterrada en la tierra, lo hace mi ser, mi semilla escondida en mis entrañas.

Solo necesita permitirse ser, pero antes de eso, ha necesitado ser sembrada en tierra fértil, libre de malas hiervas que sin duda solo harán que impedir su libre crecimiento.

Y así, de la misma forma en que necesita tierra libre y fértil, necesito yo liberar espacio dentro de mí, de malas hierbas, de mis creencias limitantes. Solamente ahí, en un lugar libre de impurezas puede brotar la esencia libre, la que no viene de creencias, tendencias ni limitaciones.

Tierra fértil, oscuridad y tiempo… esto dará lugar al renacer…

Y así, cuando soy capaz de entender lo que todo esto significa y lo que implica sanar para ser la mejor tierra fértil donde plantar la nueva semilla me viene el sentir denso de que, después de 36 años alimentando la vida de un árbol robusto, sujeto de forma estable a la tierra… después de cientos de días llenos de creencias impuestas y vagas conversaciones contradictorias mente/alma, miles de horas de máscaras, normas, metas, expectativas, exigencias…. Después de tanto tiempo disfrazando de valores mis creencias limitantes….. me dispongo osada de mi a pretender que todo esto que ahora defiende a capa y espada mi ego, se marche de mí y me deje espacio para crear nuevas formas de entender la vida que nazcan de mí y no de lo que me ha sido implantado a lo largo de mi vida por religión, sociedad, trabajos, familias, parejas y demás agentes externos.

A lo largo de mi vida he compartido camino con maestros de vida, seleccionados especialmente para mí, para crecer y evolucionar… pero no es tan fácil de ver cuando tienes 15 años y se te rompe el corazón por primera vez, no es tan fácil cuando una etapa profesional finaliza de forma inesperada o un amigo se va cuando no toca y como no toca… Estos maestros son vistos al tiempo, cuando aquello que dolía ha dejado de hacerlo y eres capaz de tener paz con todo aquello que pasó.

Nunca he estado más orgullosa de la cantidad de veces que me he equivocado que ahora… creo que no me queda un aspecto en mi vida por tocar y equivocarme…

pero el tiempo se ha afanado en demostrarme que, de no haber cometido todos y cada uno de los errores que he cometido, no estaría donde estoy, que va mucho más allá de una posición social, profesional, afectiva y personal… estoy en el camino del despertar, en el que no se concibe el dolor y sufrimiento como norma, donde el amor lo quiere llenar todo y la única forma en la que podré ser feliz es en paz, estoy en el camino en el que lo más importante soy yo.

De nuevo osada de mí pretendí emprender este camino de forma autodidacta y llenar mi vida de slogan de grandes maestros… frases directas que no pasan de eso y de rellenar cientos de miles de muros de redes sociales si no se integran.

- Si tú cambias, todo cambia

- Y llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo

- No podemos dar a los demás lo que antes no nos hemos dado a nosotros mismos

- Si caminas solo llegaras pronto, si caminas acompañado llegaras lejos

- Llena tu vida de valores que den valor

Un libro tras otro, una ponencia tras otra, podcast, artículos y entrevistas… la red está llena de todo tipo de información que puede ayudarte en tu camino del despertar.

Despertar, trascender, sanar… he de reconocer que hasta no hace mucho estas palabras me generaban cierto rechazo… hoy puedo ver que no me sorprende esa fricción… no es fácil mirar dentro… hay mucha incomodidad y mucho miedo ahí dentro… hay demasiado dolor, traumas y demás mierdecitas varias acumuladas, muchas veces ni siquiera somos capaces de saber que las tenemos. Nos da miedo incluso asumir que una vez es trascendido el miedo y el dolor, ese lugar dentro de nosotros deja ver esa paz que llaman casa y que es la felicidad plena, la que nada externo puede darte, la que está dentro de ti .

Cuando había almacenado una ingente cantidad de herramientas en mi cabeza, y tras comprobar que estaba como un pato en un garaje sin saber por dónde moverme… decidí aprovechar que el universo me había puesto a un maestro delante, llevaba ahí varios meses, pero por alguna razón me afane en postergar nuestra charla para “arreglar tus cosillas” como el las llamaba.

- Hemos levantado las faldas a mi árbol familiar”- Esta frase podría resumir las tres horas que duró esa primera “reunión/sesión”

La primera vez que escuche las palabras Bioneuroemoción y biodescodificación me vino vinculada a varios nombres, uno de ellos el de Jandro Calzas. Cabe decir que me sonaron a conceptos absolutamente fuera de mi entendimiento racional. Estas cosas eras para “hiervas muy Pro” y yo, no estaba dentro de ese círculo, al que para aquel entonces nombraba como algo lejano.

Resultaba que había un “alguien especial” suelto en nuestra sociedad que era capaz de ayudar a sanar viejas heridas y que además tenía la capacidad de orientarte cuando tenías alguna dolencia, y así, que te doliera una rodilla no era solo eso, era el reflejo de algo mucho más esencial y profundo.

Ese “alguien especial” tenía una larga agenda cerrada de sesiones, charlas varias y grupos de whatsapp que lideraba con gran destreza a pesar de la cantidad de participantes que cada uno albergaba.

Jandro, era ese alguien que aceptó mi invitación a participar en mi Congreso Virtual, para mi sorpresa. Y digo esto porque lo tenía como alguien a otro nivel y poco accesible.

Participó y fue una de las charlas más vistas y con mayor éxito de las casi 40 que contenía el evento.

No fue casual que acabase siendo mi “acompañante en este camino de sanación y despertar”, antes había intentado sin éxito emprender el mismo camino de la mano de otra compañera, pero que, llegado un momento clave en el proceso que posteriormente viviría también de la mano de Jandro, decidí abandonar.

Mi ego no pudo con el no saber, con el perder el control sobre lo que estaba pasando en mi vida, mi ego decidió culpar lo de fuera por no aceptar lo que pasaba dentro.

- Necesitas descansar, no intentes entender nada, solo déjate sentir, no es momento de tomar decisiones, te esperan 15 días en los que tienes que intentar estar el mayor del tiempo tranquila y mirando dentro de ti, solo eso, sentir, sin pensar ni buscar respuestas a nada… - Así de sencillo lo describía Jandro.

Al menos parecer si parecía fácil… pero no lo fue… tras dos días de una paz absoluta vinieron las dudas, el querer controlar y no poder, vinieron los juicios, los miedos, el rechazo y la falta de aceptación… yo solo tenía que dejarme SER, pero no me lo estaba permitiendo, quería respuestas…

- Lo que estas queriendo defender no es lo que quieres de verdad-

- Si quieres saber qué es lo que realmente te pasa, mira dentro de ti y lo sabrás-

- Estas queriendo solucionar un conflicto en medio del conflicto-

- Deja de mirar fuera, esto no tiene nada que ver con lo de fuera, tiene que ver contigo-

- Ahora no es momento de tomar decisiones-

- No tienes nada que entender, solo siente…-

Las frases de mi despertar… Llegaron las crisis existenciales y las pataletas cual niña a la que se le niega un caramelo, y ahí estaba el maestro con toda la templanza que se puede tener escribiéndome frases como estas.

Las leía en voz baja, en voz alta y hasta las imprimí en varios folios para pegarlas en las paredes de mi casa….

No estaba respondiéndome a nada de lo que le estaba preguntando, pero me estaba dando todas las respuestas…

Dios, universo, destino… lo que sea… alguien puso en mi camino un maestro que me ayudó a despertar adelantándome todo lo que sentiría, pensaría y lo que pasaría. El maestro acertó en la fecha exacta en que tendría mi mayor crisis y me adelantó que llegado un momento le odiaría a él y cuestionaría su método de trabajo dándolo por inservible en mi vida… así fue… El mismo dios, universo, destino… puso un compañero de guerra con el que poder quemar mi ego y toda la rabia que sentí en el infierno más absoluto y dar luz a las mejores reflexiones que he tenido en mi vida, que acompañaron los estados de lucidez y de paz más enormes que he vivido nunca. No voy a quitar mérito a mi fuerza y capacidad para enfrentar retos difíciles como el que he estado viviendo, pero soy muy consciente de que contar con un ángel que en todo momento me mostró respeto, empatía, acompañamiento y amor absoluto a mi momento de caos, ha hecho de este proceso un camino mas llevadero.

Recuerdo que hace unos días Jaime me leía una gran frase que le supuso el salvavidas para mantenerse a flote cuando tenía que sostener mi momento. Era una frase en la que de forma breve Jandro le hacía conocedor de que yo estaba en el momento en el que tenía que estar y que sencillamente todo pasaría.

Y paso… y empecé a ver los beneficios de enfrentar mis miedos. Ahora ya no tengo miedo a lo que me hizo llamar a Jandro. Ahora ese espacio que se ha quedado libre he de rellenarlo de nuevas líneas , actitudes y valores lógicos basados en mi propia experiencia, patrones creados por mí y no arrastrados de una infancia, una educación y una sociedad con la que no estoy girando en mi interior y de la que quiero salir.

-Ahora has terminado la “cuarentena” más dura de tu proceso sanación y  de despertar, no vuelvas atrás, todavía está todo muy fresco. Ahora, desde esa calma, piensa en tu miedo, ya no tanto sintiéndolo, sino analizando lo que ha supuesto en tu vida, y trata de empezar a esbozar una nueva conducta. Ahora que ya no tienes ese apego de la emoción,  puedes redefinir lo que tú quieras.

-Ahora empieza el verdadero trabajo, el del resto de tu vida y al principio aplicar nuevos patrones te costará esfuerzo y pasados unos meses te descubrirás dando lo mejor de ti a los demás porque antes has sabido dártelo a ti misma. El amor que das a los demás es el amor que te has sabido dar a ti misma.

Y así, con estas palabras del maestro y acompañándome de sus visualizaciones cada vez que me noto perdida me dispongo a seguir con este proceso de crecimiento y despertar, que solo acaba de empezar.

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Fdo: Una Shakti


El poder del Tantra vuelve de nuevo a inundar de emociones nuestras vidas, inundar nuestros cuerpos de energías.

La insostenible forma de vivir que teníamos, el empeño en materializar nuestros objetivos, nuestra felicidad, se ha convertido en el engrasado motor que ha parado el mundo, se ha convertido en la energía que a modo de pandemia nos ha hecho parar ,cerrar la boca y empezar ha hablar con el corazón.

Este tiempo, para unos de encierro, para otros de retiro, nos invita a mirar dentro, hablarnos, sentirnos…

Este tiempo, es tiempo de conectar con nuestra verdadera energía vital, esa que en tantas ocasiones ha sido castrada.

Este tiempo, es tiempo de aprendizaje, de amor consciente, tiempo de Tantra.

Y en este espacio de introspección, el de mi pareja y el mío,  vuelve a ponerse frente a nosotros la oportunidad de hacer un taller, para conocernos a nosotros mismos, para conectar con el otro.

Habla, el maestro tántrico Hari Dass, de la pareja, como una unión enfocada en el crecimiento y la expansión… y es que es este concepto el que hace que podamos entender el amor hacia una pareja de forma consciente y saludable. Es en esta premisa en la que nos apoyaremos para sanar, hacernos vulnerables y sublimar.

Nunca pensé utilizar la palabra “sublimar”, me generaba cierta resistencia, pero es precisamente ese “concepto” o ese “algo” que genera resistencias la barrera que hemos de romper para sanar y seguir creciendo. Es este otro de los múltiples mensajes que en el taller Online que hemos hecho en pareja este fin de semana , el maestro ha insistido en predicar.

Cuando vives un taller de Tantra presencial, con toda la energía que se crea en el espacio y vives una experiencia Tántrica sostenida con el maestro cerca, parece imposible que a través de una pantalla se pueda generar ni una pequeña parte de lo que se genera en un lugar físico…  pero el Tantra es así, y las ganas de crecer que tengo como individuo y como pareja de un ser maravilloso hacen que sea real el poder y la magia que se crea estés donde estés.

Haces del salón de tu casa un autentico templo en el que crear un espacio sagrado de conexión contigo misma y con tu pareja, porque así es el Tantra en pareja, una gozosa unión, y en la intimidad de tu casa puedes disfrutar de lo que con casi toda seguridad seria mas difícil en comunidad.

Intimo y guiado, el taller hace una breve pero determinante presentación:

-No te creas nada de lo que vamos a explicar, ni creas ni no creas, solo abre tu mente, alma y tu corazón a lo que mueva en ti cada práctica… no creas, experimenta, vive y déjate transformar por el poder del amor incondicional.

Más de 16 horas de enseñanzas, prácticas, desbloqueos, revelaciones y sanaciones.

Más de 16 horas de energía y sublimaciones.

Más de 16 horas de Mantras, y palabras Sánscritas.

Más de 16 horas de amor, incondicional.

Firmado; una Shakti

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Es miedo, no amor

Echar de menos y no echar de más.


Me nace hablar de la pareja, me nace hablar de las razones por las que las parejas acaban separándose cuando permanecen demasiado tiempo juntos…
Me da mucha pena que no seamos capaces de solucionar los “conflictos” que nacen en lo cotidiano y que acaban siendo los que destruyen las relaciones por acumulo de toxicidad.

Dejar estar, evitar el enfrentamiento, la justificación por defecto, son algunas de las acciones que van dejando poso nocivo en nosotros, y es este poso el que acaba lapidando la relación, con lo que se podría decir que somos nosotros mismos con nuestras continuas cesiones y anulaciones los que decidimos salir por nuestro propio pie de la relación, o en el lado contrario, nos dejan porque dicen que hemos cambiado… no hemos cambiado, pero la mentira y mascara que nos ponemos para agradar al otro no es sostenible y acaba dejando paso a la verdad, esa que ya no nos cuadra porque no esta dentro de nuestras expectativas.

Nos pasamos la vida buscando esa media mitad que nos han vendido que está por ahí en algún lugar, y en el tiempo que dura esa búsqueda del amor para toda la vida, nos alimentamos de canciones llenas de amor egoico, de películas románticas que lo único que nos muestran es el momento de enajenación emocional, de enamoramiento y que, llegado el momento de mostrarnos el verdadero amor, si es que lo hubiese, nos funden a negro y nos gritan… THE END.
El final… si… del amor cegador, del vivir “encocados” y borrachos de ilusiones, fabricando expectativas que en poco más de un año se irán caducando dentro de nosotros, y con ello llegará la decepción hacia el otro, los reclamos de atención y el ego se mostrara en todo su esplendor, matando la pareja, matando ese amor que desde ese mismo ego nació.

Somos egocéntricos de pensar que alguien ha de cambiar a favor de nuestras peticiones y necesidades individuales.

No seré yo el mejor ejemplo de camino a seguir, pero sí lo soy de los caminos que no hay que seguir… o sí… porque para llegar a entender que el amor va mucho más allá del tener razón, la exigencia, la posesión, las lágrimas… he tenido que ir saltando de fracaso en fracaso… aunque bendito error el que ha sido capaz de hacerme despertar, de convertirme en ese aprendiz de persona espiritual y consciente capaz de amar desde la esencia, dando a los demás el amor que primero me he dado a mí.


Tengo 36 años y un bagaje acumulado de las experiencias y errores cometidos en mi vida de pareja. Creo, visto en la distancia y con otra perspectiva, que el mayor error que he cometido en mis relaciones de pareja es dejar de ser yo para complacer al otro. Poco a poco y queriendo evitar el conflictos, presa del apego que me generaba el temor al abandono, iba “regalando” cada una de las opiniones y decisiones que hubiese tomado si me hubiese respetado a mi misma.
De alguna forma he descubierto que evitando que me dejasen, he sido yo la que a abandonado a sus parejas por haber dejado de ser yo.

Esto me llevó a pensar y decidir que la pareja que tuviese, habria de respetarme tal cual soy, con mis luces, pero sobre todo con mis sombras… pero antes de eso, tendría que aprender a respetarme yo a mi misma, si el fin es estar con una persona que me ame como soy, no puedo si no aprender primero a darme el amor que me merezco en primera persona, y ahí estamos, creciendo.

Nos da miedo hablar y mostrarnos vulnerables, nos da miedo que nos hagan daño, quedar presos de una persona y de una forma de vida en pareja.
Partimos de una línea de salida en la que nos dejamos emborrachar por ese amor romántico, que por otro lado a mi me encanta, ese enamoramiento que nos nubla la vista y que nos hace verlo todo perfecto, no nos planteamos en una de nuestras citas con nuestra recién estrenada pareja proponer una dinámica basada en la escucha y el respeto por el otro compuesta de preguntas básicas para la construcción de una base sólida en una relación, o al menos, para saber las necesidades y momento que vive la otra persona… jugar a las adivinanzas en las relaciones no suele dar buenos resultados, mejor hablar las cosas con total transparencia - ¿cuál es tu momento? ¿buscar una relación en la que compartir buena conversación y escapadas a cenar o solo quieres una relación en la que tengamos sexo y ningún tipo de compromiso? ¿quieres tener una relación monógama o poliamorosa?¿relación abierta o tradicional?

La cantidad de preguntas que se pueden hacer son infinitas, y, dependiendo del tipo de relación que vayas a empezar con esa persona, enfocar en una dirección u otra.
Podría extrapolarse esto a las relaciones mas o menos formales en el ámbito sexual, es un aspecto importante e imprescindible para que las relaciones funcionen de la forma adecuada y con absoluto respeto por nosotros mismos y nuestra salud. La comunicación en la cama es vital, pero nos parece una “aberración” y una cortada de royo preguntar a nuestro “amante” sea pareja o no, si hace mucho que se ha realizado unos análisis de ETS, o si le gusta una practica u otra…

No somos capaces de comunicarnos por miedo…

Las carencias comunicativas se hacen patentes también con la sensación de echar de más en vez de echar de menos. Todos los autores que he tenido el placer de leer hacen especial hincapié en este aspecto. Si pasamos demasiado tiempo con nuestras parejas, si no respetamos el espacio que cada uno ha de tener para su ocio, descanso y trabajo personal, corremos el riesgo de echar de más, y cuando echas de más casi con toda seguridad estas echando de menos tu espacio, tu momento, tu vida como individuo fuera de la pareja, y eso, solo lo soluciona la comunicación.
Hablaré en primera persona cuando confirmo que cuando se honra el tiempo de los demás y el tuyo mismo, las relaciones funcionan mucho mejor, son más autenticas y en definitiva menos opresoras.
Durará lo que tenga que durar, pero se habrá vivido desde el respeto y la comunicación, y de la misma forma se pondrá fin de darse el caso, no tiene sentido pensar que la pareja y relación que tenemos con una persona a día de hoy vaya a ser la misma que necesitemos o que nos haga crecer en un futuro, las personas evolucionamos, aprendemos y andamos un camino en el que no tiene porque estar la misma persona, al menos no como la pareja que ha sido hasta ese día.


Hay tiempo para todo, y aunque parezca complejo mantener la “distancia” y respetar el espacio de cada uno en 50 metros de piso sin terraza, si hay buena comunicación y respeto, se pueden establecer espacios y tiempo para todo. Yo adoro estar en mi oficina y mi pareja podría pasarse horas meditando y leyendo en la habitación. ¿Y las niñas? De eso hablaremos en otro momento pero incluso ellas, son capaces de entender de la importancia del espacio de cada uno.

Echar de menos y no echar de más.

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Círculo de Mujeres

Circulo de Mujeres​

​el poder alrededor de una hoguera


Necesitamos volver al pasado, a nuestro estado más primitivo para conectar con nuestra esencia de mujer, con nuestra visión grupal, familiar, de tribu.

En estos tiempos en los que prima la individualidad, el autoconocimiento, el andar en pro de nuestro propio beneficio y el de los nuestros, no podemos olvidar la importancia de sentirnos dentro de un núcleo, tribu o grupo social.

Ayer, de nuevo Gemma me sorprendió con uno de sus talleres llenos de magia.

16 mujeres alrededor de una hoguera de altas llamas sintiéndose libres, sintiéndose poderosas, sintiendo el apoyo y sostén de otras mujeres. Ayer participé por primera vez en una tribu de mujeres, un circulo de hembras, féminas, damas, señoras, señoritas, doncellas, muchachas, mozas, chicas…mujeres, honrosas mujeres.

Me tranquilizó mucho escuchar a todas las componentes del círculo, cada una de un lugar diferente, cada una con una misión de vida diferente, cada una única e irrepetible, cada un especial y diferente de la otra. Es ese tipo de cosas las que hacen ricos estos lugares de acompañamiento femenino. Me emociona ver la cantidad de “poderes” que se pueden enumerar solo por el sencillo hecho de ser mujer, y me centro en las mujeres por ser este un circulo femenino.

Desde que empecé con mi crecimiento personal y mi trabajo de auto conocimiento, he venido observando la desconexión que tenía con otras mujeres, mi individualidad en ese aspecto, mi desarrollada  esencia masculina enfocada al deber, mi álter ego de mujer madre, creativa, emprendedora y auto suficiente. Si bien siempre he sido amiga de mis amigas, nunca he acumulado gran cantidad de ellas, y siendo mis hermanas las que han encabezado las listas a lo largo de mi vida, he tenido poca necesidad extra de pertenecer a “grupos” de mujeres. Fue el momento de ser madre el que me dió el primer impulso a buscar la empatía y el soporte de otras mujeres que como yo, vivían cosas a las que no siempre sabemos hacer frente.

Siguiendo la línea básica del ser humano perfectamente imperfecto, necesité verme encerrada y contra las cuerdas para empezar a valorar que los grupos de mujeres y las tribus que se formaban en torno a diferentes temas y estilos de vida, eran más que algo enfocado a personas espirituales y de forma puntual en la vida de una mujer.

Ahora, formo parte de diferentes grupos tanto mixtos como de mujeres, de diferentes culturas, países e ideales, y aunque sigo acumulando un puñado de amigas especiales con las que comparto mucho más que circulo común, estoy encantada de la oportunidad que en esta ocasión Gemma Cazorla me ha brindado de sentirme como en casa. Acompañada de grandes mujeres con las que compartir todo el poder de la esencia que contenemos como energías femeninas.

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El tiempo, es lo que haces con EL TIEMPO

     El tiempo, es relativo. 

    El tiempo, es lo que haces con el tiempo.


Con independencia de la situación particular de cada familia, en las que hay personas más o menos mayores, con diferentes grados de riesgo.

Con independencia de que a causa de todo esto nos metamos en una crisis hasta ahora no conocida… con independencia de todo esto quisiera hacerme eco en el “cómo” vivimos el “regalo del tiempo”.

El tiempo… esa palabra que hace referencia a algo relativo, y diré relativo porque depende de cada uno el cómo se viva.  Si bien es el mismo para todos y 60 segundos siempre serán 1  minuto, seas de la clase social que seas y vivas donde vivas, es una realidad que hay quien ve en esos segundos un momento efímero sin más y hay quien ve un puñado de oportunidades por cada segundo que pasa en su reloj. El tiempo, es relativo. El tiempo, es lo que haces con el tiempo.

Pedimos tiempo, es comúnmente conocido como el bien más preciado del ser humano del primer mundo, no tenemos tiempo, o si, pero lo seguimos reclamando, porque el que se nos ha dado a todos por igual lo tenemos invertido en cientos de miles de cosas que hacer y que atender, muchas de ellas sin sentido. Una de dos, o no sabemos aprovechar el tiempo o sencillamente no está equilibrado el número de cosas que hacer con las horas de las que disponemos al día.

Sea como fuere, nos pasamos el tiempo reclamando más tiempo.

Tiempo para estas con nuestras familias

Tiempo para leer, escribir, bailar, cantar…

Tiempo para tener una buena conversación con nuestras parejas…

Tiempo para compartir con tus hijos…

Tiempo para cocinar y comer disfrutando sin prisa…

Tiempo para meditar, tiempo para descansar…

Queremos más tiempo, y nosotros por si solos no somos capaces de sacarlo de ningún lado, todo lo que compone nuestra vida ocupando minutos y horas, por lo visto, es imprescindible… Y de repente, un día, TODO SE PARA.

Se nos regala tiempo, y no por una causa que nos agrade ni por la que nos alegremos, pero se nos regala tiempo, y entonces, la misma ansiedad que nos genera el no disponer de el, nos aumenta al vernos desbordados de minutos que disfrutar fuera de lo rutinario, lo pautado , lo agendado.

Pasamos de la burla a la situación de encierro al drama más absoluto por no saber qué hacer. Vivimos tan sobre-estimulados que no somos capaces de permanecer en nuestras casas, dotadas de todo tipo de comodidades, tranquilamente y disfrutando de tan solicitado y preciado tiempo para nosotros.

Y no soy una mujer de mediana edad que vive sola, soy una mamá que vive con sus dos hijas pequeñas cargadísimas de energía, que tienen una montaña de deberes que hacer cada día y que cuando se repartió la paciencia debía esta distraída… soy una mama que pasa todo su tiempo haciendo cosas, para ella y por los demás, es más, a veces peco de sobrecargar mi vida con millones de cosas, evitando así pararme a escuchar qué es lo que realmente necesito. Me sorprende descubrir que aún no hemos encendido la tele y que los whatsapp se acumulan en mi teléfono, ahora que es cuando más tiempo tengo, no lo tengo para estar tirándolo… curioso…

Veo a mis hijas en su inmensa inocencia y sabiduría, tienen claro lo que quieren, jugar, siguen teniendo poco tiempo para jugar, solas, con su hermana o con mamá… y es que es precisamente jugar lo que necesitamos los adultos. Es lo primero que sacrificamos, el tiempo de disfrute, el jugar, y eso a la larga nos pasa factura. Nadie se queja de pasar poco tiempo en el trabajo, nadie osaría a pedir más tiempo de atascos, de innumerables obligaciones domesticas o sencillamente nadie se quitaría más horas para dormir, nos quejamos de no tener tiempo para nosotros, pero es el primero que sacrificamos, porque al parecer eso no es prioritario.

Es posible que de este momento a cuatro o cinco días más, los 60 metros de piso se nos queden pequeños, la “terraza” de un metro cuadrado donde mis hijas han decidido tomarse el postre compartiendo espacio con las escobas y la lavadora también sea insuficiente… pero ¿qué sentido tiene ponernos a pensar en eso? Hace una semana no tenía tiempo, y ahora, lo tengo todo.

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Supongo que rendirse, NO ES UNA OPCIÓN

Supongo que rendirse, NO ES UNA OPCIÓN

Supongo, palabra que esconde el miedo, con aspecto de humilde, de hablar con la verdad que tenemos, nuestra verdad.

Supongo que para mí, rendirme nunca fue una opción, supongo además que todo aquello que he vivido conforma el vestido con el que me presento al mundo a día de hoy.

Supongo además que cada fracaso, cada caída, cada volver a empezar… solo ha hecho que ayudar a consolidar con más fuerza si cabe mi personalidad, mi persistencia y sobre todo mis ganas de superarme cada día.

Supongo que hoy es el principio de la que espero sea una larga historia de amor, con mis sueños, con mis alegrías, con mi hambre de crecer, con mis expectativas, con mi crecimiento personal, supongo que este es sin duda el principio de un gran amor, conmigo.

Supongo que el éxito radica en la capacidad de levantarte tras cada caída, en lamerte las heridas el tiempo justo y necesario para dar un paso al frente y seguir caminando.

Supongo que de tal palo, tal astilla, que todo aquello orgullosa veo en mis hijas viene del mismo lugar del que nacen los gestos menos agradables y los complejos espejos que me muestran

Porque supongo, que para convertirte en la mejor versión de ti mismo, necesitas conocerte, necesitas ayudarte, necesitas valorarte, cuidarte, amarte….

Para ser mi mejor versión tengo que dejar de suponer y empezar sin miedo a ser.

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Debería ser UN DERECHO y no UN LUJO

Debería ser UN DERECHO y no UN LUJO


Parece mentira que tengan que pasar estas cosas que estamos viviendo a día de hoy para poder disfrutar de algo tan sencillo y esencial como pasar “algo de tiempo con mis hijas”. Después de más de 6 meses viviendo la Anti Conciliación más brutal de mi vida profesional y de ver a mis hijas poco más que una hora por las mañanas para llevarlas al colegio, por fin puedo disfrutar de escuchar las preocupaciones de mi hija mayor y las fantásticas historias creadas en la pequeña cabecita de mi hija pequeña.

Vivir encerradas en cuatro paredes tanto tiempo por una cuestión preventiva nos está permitiendo disfrutar de lo que debería ser un derecho y no un lujo, que es en lo que se ha convertido para muchas madres que como yo han tenido a sus hijos para estar con ellos algo más del tiempo que se usa para dormir.

El despertador biológico de mi pequeña Carlota suena a la misma hora de todos los días, las 7:00 horas, pero se cuela al calor de la cama grande de mamá y puedo disfrutar de un par de horas más de sueño amenizada por las interminables historias que ya de buena mañana viene contando la ratoncita.

Amelia suele amanecer contenta si ha dormido más de diez horas, lo que quiere decir que por lo general se levanta malhumorada porque quiere dormir más… Disfrutar de un despertar silencioso y amoroso es una auténtica maravilla que estamos disfrutando estos días.

Me pregunto cuanto han aprendido mis hijas en todo este tiempo en el que solo las he visto para desayunar y para hacer actividades los fines de semana que compartimos juntas y en los que no tengo que seguir trabajando…

Carlota tiene una psicomotricidad fina que me ha dejado con la boca abierta esta mañana, sus dibujos ya tienen formas proporcionadas y los “monstruos” que dibujaba con cabezas grandes y palitos en las extremidades ya han dado paso a figuras proporcionadas con todas sus partes perfectamente diferenciadas.

Amelia pregunta a cerca de todo, quiere que le cuente todo lo que sé del virus, quiere que hablemos de las cosas que estoy aprendiendo en mis cursos,  quiere ayudarme en absolutamente todo lo que hago en la casa.

Cuando los niños son tan pequeños, crecen a una velocidad extraordinaria, y en solo unos días han ganado en vocabulario, expresividad y capacidades de todo tipo.

Casi había olvidado que nos encantan las rutinas hogareñas típicas familiares, recoger la casa, preparar la comida,  poner la mesa o fregar los platos,  hacer bizcochos o preparar macedonias. Tengo un pequeño grillo que se cansa en seguida de estas actividades y se dispersa en sus juegos de niña y una mujercita que me da lecciones extraordinarias de entereza y de pura realidad.

-              ¿Mamá estas triste o preocupada? No es lo mismo, cuéntame lo que te pasa…

-              ¿Ese problema tiene solución? Tú siempre tienes soluciones para todo…

Me gustaría decirle que no siempre tendré solución para todos los problemas que nos toquen vivir, ni encontrare todo lo que se pierda. Me gustaría decirle que no siempre se hacen cosas que nos gusten pero que hay que hacerlas para poder vivir y que espero que no me recuerde cuando sea mayor como una madre que no estaba cuando la necesitaban.

A veces necesitamos vivir situaciones que nos hagan enfrentarnos a una realidad que no veíamos, necesitamos ver de frente una persona que nos haga un espejo durísimo y que nos frene en seco para mostrarnos lo que no queremos ser.

Así es el ser humano… así de imperfectamente perfecto.

Seguramente en los próximos días andaré estirándome de los pelos porque han colmado mi paciencia, de la que no dispongo mucha, y estaré deseando irme  a  “Nunca Jamás” yo sola a estar en silencio… seguramente…

Pero hoy estoy tan feliz de poder disfrutar de este tiempo con ellas encerradas, siendo conscientes de que los recursos no son ilimitados, que hay que cuidar nuestra casa entre todas porque es donde vivimos, que todas tenemos obligaciones y tareas que hacer, que las rutinas se tienen que ver lo menos alteradas posibles a pesar del cambio.

Vamos a leer, bailar, saltar, disfrazarnos, trabajar… vamos a cocinar, hablar, negociar… en estos días vamos a compartir mucho más que tiempo en casa, vamos a compartir lo que no debería negarse a ninguna madre, la oportunidad de crecer con sus hijas, de vivir la familia tal y como la conozco y la viví en mi casa.

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La Suerte

SUERTE.. ¿QUÉ ES LA SUERTE? ¿Todos la tenemos? La abundancia y el éxito en la vida ¿es una cuestión de suerte?

Hace algo más de 7 años coincidí en un plató de televisión en el que ejercía mi profesión como técnico audiovisual multitarea, con una experimentada mujer de cultura innegable que me formuló la pregunta, - Beatriz, crees en la suerte?- en primera instancia me pareció una pregunta trampa en la que se esperaba que contestase con un rotundo SI, la suerte depende del azar y el azar toca a algunas personas en momentos determinados. Recuerdo responder algo así como… - La suerte la creamos nosotros-

Yo misma me sorprendí de mi propia respuesta espontánea, supongo que cuando tienes interiorizado algo, sencillamente te sale solo sin pensar.

Creo ver la suerte vivir suelta en nuestra vida, pero a veces, vivimos demasiado cegados en nuestro propio sentimiento nocivo de negación de la realidad como para poder verla y darle valor. En esa desazón, en ese sentir de escasez, no hay lugar para que la suerte pueda hacerse presente.

La suerte esta en levantarte cada mañana y disfrutar cada oportunidad.

La suerte se esconde detrás de cada buena acción que haces por los demás.

La suerte está en las horas de esfuerzo para formarte y ser el mejor.

La suerte está en hacernos preguntas, en cuestionarnos lo establecido, en querer ser nuestra mejor versión.

La suerte está dentro de ti, y se proyecta en lo exterior.

La suerte solo podrá tocarnos si estamos dispuestos a ser transformados, solo podrá llegarnos si estamos en el lugar y tiempo adecuado, no hay mucho margen de error.

La suerte no llega si no es llamada

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Y entonces, sencillamente me rompí -1-

Me pareció ver la imagen de alguien, un hombre, al principio podía verle nítido, poco a poco empezó a desenfocarse frente a mis ojos, y entonces sucedió, escuche el primer grito y todo se rompió dentro de mi.

Aquello que estaba pasando era superior a mi capacidad de comprender, a mi fuerza de mantenerme lucida. Aquel lugar no me parecía seguro y aquella energía masculina a la que me aferraba no me quería escuchar.

Miedo, terror, autentico pánico. Estaba enfrentándome al peor de los sentimientos, el miedo, a una escala que desconocía podría sufrir.

Soy madre, conozco de primera mano porque lo he sufrido en mis carnes que las contracciones te llevan a un grado de dolor tan intenso que crees que tu cuerpo esta rompiéndose literalmente. Ser conocedora de tal dolor no mitigó aquel sentir interno que sufría.

No recuerdo cuanto tiempo pasó desde que todo se hizo oscuridad, no recuerdo cuantas veces repetí la frase – me quiero ir, sácame de aquí – 
Pero nadie me escuchaba y los gritos seguían atravesando mis sudadas manos aferradas a tapar mis oídos… 

Noté una mano en mi espalda, creo haber sudado por sitios que no imaginaba poder sudar, y una voz suave se coló entre tanto grito y consiguió llegar a mis tapados oídos y a mi aturdido cerebro. – Abre los ojos, está ahí, no estas sola, míralo, abre los ojos –