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1 año y 11 meses para aprender a dejarle


1 año y 11 meses para trascender el miedo a dejar a mi pareja.

Ya está, lo he conseguido, he conseguido trascender lo que he venido a aprender estando en pareja, al menos lo que a esta pareja respecta…

La función, labor o misión vital de mi relación de pareja ha sido culminada y llevada a cabo, he trascendido el miedo a estar sola, materializado en forma de amenaza y de conflicto de territorio.

Así de sencillo, así de complejo... cientos de horas de conversación, días enteros de reflexión y otros tantos de comprensión… además de un consumo cuantioso de la producción total de lágrimas.

Como si de un anuncio de los clasificados se tratase expongo:

Mujer desvalorizada y madre que biológicamente tiene la necesidad de completar su entorno familiar y de hogar, cansada de cubrir las necesidades de los dos roles se afana en crear la unidad con un hombre relativamente empoderado a través de la exigencia,  sin tener en cuenta los miedos y estado actual del sujeto…

Resultado: drama creado por una mente perfeccionista y llena de creencias limitantes, mente que insiste en exigir y no en proponer, en buscar fuera lo que falta dentro… mente, demasiada mente…

Poner mente a algo tan básico como el amor no lleva a ningún lado… bueno si… a la frustración  y a la anulación de la paz que por defecto tendría que venir de estar en pareja.

1 año y 11 meses jugando a intentar convencer al hombre de los dones y ventajas que ofrece vivir en pareja, de las maravillas que brinda compartir techo, y por que no, casi dos años de pretender engañarme diciéndome ( tal como lo plantea Antoni Bolinches ) que un kilo son novecientos gramos, y que para mí, esos novecientos gramos serian suficientes…

Me sorprende ver como soy capaz de estar cada vez mas despierta y a la vez con el ego más lleno y más hábil convenciéndome de mis propias poesías… la realidad es que mi Ser me repite que él no es lo que biológicamente necesito, él no es lo que mi estructura familiar necesita, él no es la persona que lleva el rol masculino en mi hogar, él no es ese ser merecedor de mi plena confianza, él no es lo que en definitiva quiero que sea…

Y no lo es porque para ser todas esas cosas, he de dejar el espacio suficiente para que lo sea, y como buena mujer desvalorizada no soporto la idea de que vengan a ocupar un lugar que perfectamente puedo cubrir yo sola, pero que en esencia no apuesto por seguir ocupando. Puedo hacerlo sola pero elijo compartir los roles.

Él no es todas esas cosas porque precisamente está conmigo por no serlo y porque, del mismo modo que yo lo necesito a él para trascender mis miedos, él me necesita a mi para trascender los suyos. Yo desde la no acción y él desde la acción.

A veces pienso que el día que se repartió el apego, yo estaba la primera en la fila, me apego a los objetos, los trabajos, las personas… pero me apego también a los recuerdos, a los sentimientos…  y me apego de una forma ansiosa que me anula la capacidad de ver con perspectiva las cosas que vivo, castrando la posibilidad de enfocar esa realidad…

Yo, yo, y otra vez yo… uso el yo para inflar mi ego, para jugar en cualquiera que sea la posición del triangulo dramático de Stephen Karpman, que como bien se alcanza a predecir y en palabras del gran Chaman Jordi López, sea cual sea la posición desde la que te muevas, siempre acaba en drama…

Uso el rol de salvadora para conseguir afecto y reconocimiento, el rol de victima para llamar la atención y por último, uso el rol de verdugo para conseguir a través de la imposición… para conseguir qué? Un drama que yo misma he implantado en mi cabeza y del que digo querer salir con la boca muy grande pero con el corazón escondido.

No basta con querer salir del drama y el victimismo porque no me dan lo que quiero, pido o necesito, básicamente porque nadie tiene nada que darme, nada que ofrecerme ni nada que quitarme. Hace falta un acto de valentía, coraje y de humildad para dar sin esperar, ofrecer sin pretender y amar sin reclamar…

Trascender el miedo al abandono, al rechazo y a estar sola, pasa precisamente por eso… por ser capaz de abandonar  a la persona que dices amar sin condiciones, en pro de escuchar a tu corazón, de respetar a tu ser por encima de todo y de todos, porque esta es la única forma de ir hacia adelante. Ahora bien, ese abandonar y seguir, ha de hacerse desde la paz, desde la tranquilidad y el amor a uno mismo…

Y es precisamente este el trabajo que llevo haciendo desde hace algo menos de dos años, aprender lo que ha venido a enseñarme esta maravillosa pareja, trascenderlo y saber decir adiós sin dramas y sin dolor… y hoy puedo decir que he dicho adiós a esa persona a la que amo con todo el alma pero que no es el rol masculino que quiero para mi familia hoy, he dicho adiós con lagrimas compartidas pero sin dolor, sin miedo.

Nos hemos abrazado y nos hemos mirado con ojos de absoluta admiración por el camino andado, con ojos del más puro agradecimiento por todo lo vivido…

Hemos cogido el coche y hemos continuado con el largo viaje de vuelta a casa después de unas vacaciones sencillamente extraordinarias llenas de momentos de complicidad, llenas de risas y de intimidad, momentos de autenticidad y de conexiones, de pasiones y de confesiones….

Dice un sabio conocido que las decisiones importantes se han de tomar desde la paz pero desde el entorno en el que se generan los conflictos que invitan a la resistencia y al crecimiento…

Si el problema es el miedo al abandono que viene representado en conflictos de territorio y estamos a más de 400km de  nuestras respectivas casas… entonces no hay problemas de territorio, ni realidad rutinaria, entonces no hay reclamos, no hay fricciones ni problemas… y desde ahí, desde ese estado el ser se relaja y el ego toma decisiones,  a todas luces erróneas.

El camino continua compañero de aventura, con un aprendizaje nuevo. Sigamos adelante con firmeza, con la complicidad que solo nosotros podemos tenernos y con ese amor tan grande que nos hace agarrarnos a la magia que las relaciones que están fuera de lo que nos hemos contado hasta hoy tienen para ofrecernos.

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y entonces, desperté


He plantado la semilla, la he dejado tapada, y ahora solo le tengo que permitir SER.

La oscuridad le permitirá hacerse fuerte en silencio, en pura introspección y de su interior darán lugar pequeñas y finas raíces. Raíces que con el tiempo y el amor necesario se convertirán en anclas que unirán la vida con la tierra.

Y así, de la misma forma que lo hace una pequeña semilla enterrada en la tierra, lo hace mi ser, mi semilla escondida en mis entrañas.

Solo necesita permitirse ser, pero antes de eso, ha necesitado ser sembrada en tierra fértil, libre de malas hiervas que sin duda solo harán que impedir su libre crecimiento.

Y así, de la misma forma en que necesita tierra libre y fértil, necesito yo liberar espacio dentro de mí, de malas hierbas, de mis creencias limitantes. Solamente ahí, en un lugar libre de impurezas puede brotar la esencia libre, la que no viene de creencias, tendencias ni limitaciones.

Tierra fértil, oscuridad y tiempo… esto dará lugar al renacer…

Y así, cuando soy capaz de entender lo que todo esto significa y lo que implica sanar para ser la mejor tierra fértil donde plantar la nueva semilla me viene el sentir denso de que, después de 36 años alimentando la vida de un árbol robusto, sujeto de forma estable a la tierra… después de cientos de días llenos de creencias impuestas y vagas conversaciones contradictorias mente/alma, miles de horas de máscaras, normas, metas, expectativas, exigencias…. Después de tanto tiempo disfrazando de valores mis creencias limitantes….. me dispongo osada de mi a pretender que todo esto que ahora defiende a capa y espada mi ego, se marche de mí y me deje espacio para crear nuevas formas de entender la vida que nazcan de mí y no de lo que me ha sido implantado a lo largo de mi vida por religión, sociedad, trabajos, familias, parejas y demás agentes externos.

A lo largo de mi vida he compartido camino con maestros de vida, seleccionados especialmente para mí, para crecer y evolucionar… pero no es tan fácil de ver cuando tienes 15 años y se te rompe el corazón por primera vez, no es tan fácil cuando una etapa profesional finaliza de forma inesperada o un amigo se va cuando no toca y como no toca… Estos maestros son vistos al tiempo, cuando aquello que dolía ha dejado de hacerlo y eres capaz de tener paz con todo aquello que pasó.

Nunca he estado más orgullosa de la cantidad de veces que me he equivocado que ahora… creo que no me queda un aspecto en mi vida por tocar y equivocarme…

pero el tiempo se ha afanado en demostrarme que, de no haber cometido todos y cada uno de los errores que he cometido, no estaría donde estoy, que va mucho más allá de una posición social, profesional, afectiva y personal… estoy en el camino del despertar, en el que no se concibe el dolor y sufrimiento como norma, donde el amor lo quiere llenar todo y la única forma en la que podré ser feliz es en paz, estoy en el camino en el que lo más importante soy yo.

De nuevo osada de mí pretendí emprender este camino de forma autodidacta y llenar mi vida de slogan de grandes maestros… frases directas que no pasan de eso y de rellenar cientos de miles de muros de redes sociales si no se integran.

- Si tú cambias, todo cambia

- Y llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo

- No podemos dar a los demás lo que antes no nos hemos dado a nosotros mismos

- Si caminas solo llegaras pronto, si caminas acompañado llegaras lejos

- Llena tu vida de valores que den valor

Un libro tras otro, una ponencia tras otra, podcast, artículos y entrevistas… la red está llena de todo tipo de información que puede ayudarte en tu camino del despertar.

Despertar, trascender, sanar… he de reconocer que hasta no hace mucho estas palabras me generaban cierto rechazo… hoy puedo ver que no me sorprende esa fricción… no es fácil mirar dentro… hay mucha incomodidad y mucho miedo ahí dentro… hay demasiado dolor, traumas y demás mierdecitas varias acumuladas, muchas veces ni siquiera somos capaces de saber que las tenemos. Nos da miedo incluso asumir que una vez es trascendido el miedo y el dolor, ese lugar dentro de nosotros deja ver esa paz que llaman casa y que es la felicidad plena, la que nada externo puede darte, la que está dentro de ti .

Cuando había almacenado una ingente cantidad de herramientas en mi cabeza, y tras comprobar que estaba como un pato en un garaje sin saber por dónde moverme… decidí aprovechar que el universo me había puesto a un maestro delante, llevaba ahí varios meses, pero por alguna razón me afane en postergar nuestra charla para “arreglar tus cosillas” como el las llamaba.

- Hemos levantado las faldas a mi árbol familiar”- Esta frase podría resumir las tres horas que duró esa primera “reunión/sesión”

La primera vez que escuche las palabras Bioneuroemoción y biodescodificación me vino vinculada a varios nombres, uno de ellos el de Jandro Calzas. Cabe decir que me sonaron a conceptos absolutamente fuera de mi entendimiento racional. Estas cosas eras para “hiervas muy Pro” y yo, no estaba dentro de ese círculo, al que para aquel entonces nombraba como algo lejano.

Resultaba que había un “alguien especial” suelto en nuestra sociedad que era capaz de ayudar a sanar viejas heridas y que además tenía la capacidad de orientarte cuando tenías alguna dolencia, y así, que te doliera una rodilla no era solo eso, era el reflejo de algo mucho más esencial y profundo.

Ese “alguien especial” tenía una larga agenda cerrada de sesiones, charlas varias y grupos de whatsapp que lideraba con gran destreza a pesar de la cantidad de participantes que cada uno albergaba.

Jandro, era ese alguien que aceptó mi invitación a participar en mi Congreso Virtual, para mi sorpresa. Y digo esto porque lo tenía como alguien a otro nivel y poco accesible.

Participó y fue una de las charlas más vistas y con mayor éxito de las casi 40 que contenía el evento.

No fue casual que acabase siendo mi “acompañante en este camino de sanación y despertar”, antes había intentado sin éxito emprender el mismo camino de la mano de otra compañera, pero que, llegado un momento clave en el proceso que posteriormente viviría también de la mano de Jandro, decidí abandonar.

Mi ego no pudo con el no saber, con el perder el control sobre lo que estaba pasando en mi vida, mi ego decidió culpar lo de fuera por no aceptar lo que pasaba dentro.

- Necesitas descansar, no intentes entender nada, solo déjate sentir, no es momento de tomar decisiones, te esperan 15 días en los que tienes que intentar estar el mayor del tiempo tranquila y mirando dentro de ti, solo eso, sentir, sin pensar ni buscar respuestas a nada… - Así de sencillo lo describía Jandro.

Al menos parecer si parecía fácil… pero no lo fue… tras dos días de una paz absoluta vinieron las dudas, el querer controlar y no poder, vinieron los juicios, los miedos, el rechazo y la falta de aceptación… yo solo tenía que dejarme SER, pero no me lo estaba permitiendo, quería respuestas…

- Lo que estas queriendo defender no es lo que quieres de verdad-

- Si quieres saber qué es lo que realmente te pasa, mira dentro de ti y lo sabrás-

- Estas queriendo solucionar un conflicto en medio del conflicto-

- Deja de mirar fuera, esto no tiene nada que ver con lo de fuera, tiene que ver contigo-

- Ahora no es momento de tomar decisiones-

- No tienes nada que entender, solo siente…-

Las frases de mi despertar… Llegaron las crisis existenciales y las pataletas cual niña a la que se le niega un caramelo, y ahí estaba el maestro con toda la templanza que se puede tener escribiéndome frases como estas.

Las leía en voz baja, en voz alta y hasta las imprimí en varios folios para pegarlas en las paredes de mi casa….

No estaba respondiéndome a nada de lo que le estaba preguntando, pero me estaba dando todas las respuestas…

Dios, universo, destino… lo que sea… alguien puso en mi camino un maestro que me ayudó a despertar adelantándome todo lo que sentiría, pensaría y lo que pasaría. El maestro acertó en la fecha exacta en que tendría mi mayor crisis y me adelantó que llegado un momento le odiaría a él y cuestionaría su método de trabajo dándolo por inservible en mi vida… así fue… El mismo dios, universo, destino… puso un compañero de guerra con el que poder quemar mi ego y toda la rabia que sentí en el infierno más absoluto y dar luz a las mejores reflexiones que he tenido en mi vida, que acompañaron los estados de lucidez y de paz más enormes que he vivido nunca. No voy a quitar mérito a mi fuerza y capacidad para enfrentar retos difíciles como el que he estado viviendo, pero soy muy consciente de que contar con un ángel que en todo momento me mostró respeto, empatía, acompañamiento y amor absoluto a mi momento de caos, ha hecho de este proceso un camino mas llevadero.

Recuerdo que hace unos días Jaime me leía una gran frase que le supuso el salvavidas para mantenerse a flote cuando tenía que sostener mi momento. Era una frase en la que de forma breve Jandro le hacía conocedor de que yo estaba en el momento en el que tenía que estar y que sencillamente todo pasaría.

Y paso… y empecé a ver los beneficios de enfrentar mis miedos. Ahora ya no tengo miedo a lo que me hizo llamar a Jandro. Ahora ese espacio que se ha quedado libre he de rellenarlo de nuevas líneas , actitudes y valores lógicos basados en mi propia experiencia, patrones creados por mí y no arrastrados de una infancia, una educación y una sociedad con la que no estoy girando en mi interior y de la que quiero salir.

-Ahora has terminado la “cuarentena” más dura de tu proceso sanación y  de despertar, no vuelvas atrás, todavía está todo muy fresco. Ahora, desde esa calma, piensa en tu miedo, ya no tanto sintiéndolo, sino analizando lo que ha supuesto en tu vida, y trata de empezar a esbozar una nueva conducta. Ahora que ya no tienes ese apego de la emoción,  puedes redefinir lo que tú quieras.

-Ahora empieza el verdadero trabajo, el del resto de tu vida y al principio aplicar nuevos patrones te costará esfuerzo y pasados unos meses te descubrirás dando lo mejor de ti a los demás porque antes has sabido dártelo a ti misma. El amor que das a los demás es el amor que te has sabido dar a ti misma.

Y así, con estas palabras del maestro y acompañándome de sus visualizaciones cada vez que me noto perdida me dispongo a seguir con este proceso de crecimiento y despertar, que solo acaba de empezar.

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Fdo: Una Shakti


El poder del Tantra vuelve de nuevo a inundar de emociones nuestras vidas, inundar nuestros cuerpos de energías.

La insostenible forma de vivir que teníamos, el empeño en materializar nuestros objetivos, nuestra felicidad, se ha convertido en el engrasado motor que ha parado el mundo, se ha convertido en la energía que a modo de pandemia nos ha hecho parar ,cerrar la boca y empezar ha hablar con el corazón.

Este tiempo, para unos de encierro, para otros de retiro, nos invita a mirar dentro, hablarnos, sentirnos…

Este tiempo, es tiempo de conectar con nuestra verdadera energía vital, esa que en tantas ocasiones ha sido castrada.

Este tiempo, es tiempo de aprendizaje, de amor consciente, tiempo de Tantra.

Y en este espacio de introspección, el de mi pareja y el mío,  vuelve a ponerse frente a nosotros la oportunidad de hacer un taller, para conocernos a nosotros mismos, para conectar con el otro.

Habla, el maestro tántrico Hari Dass, de la pareja, como una unión enfocada en el crecimiento y la expansión… y es que es este concepto el que hace que podamos entender el amor hacia una pareja de forma consciente y saludable. Es en esta premisa en la que nos apoyaremos para sanar, hacernos vulnerables y sublimar.

Nunca pensé utilizar la palabra “sublimar”, me generaba cierta resistencia, pero es precisamente ese “concepto” o ese “algo” que genera resistencias la barrera que hemos de romper para sanar y seguir creciendo. Es este otro de los múltiples mensajes que en el taller Online que hemos hecho en pareja este fin de semana , el maestro ha insistido en predicar.

Cuando vives un taller de Tantra presencial, con toda la energía que se crea en el espacio y vives una experiencia Tántrica sostenida con el maestro cerca, parece imposible que a través de una pantalla se pueda generar ni una pequeña parte de lo que se genera en un lugar físico…  pero el Tantra es así, y las ganas de crecer que tengo como individuo y como pareja de un ser maravilloso hacen que sea real el poder y la magia que se crea estés donde estés.

Haces del salón de tu casa un autentico templo en el que crear un espacio sagrado de conexión contigo misma y con tu pareja, porque así es el Tantra en pareja, una gozosa unión, y en la intimidad de tu casa puedes disfrutar de lo que con casi toda seguridad seria mas difícil en comunidad.

Intimo y guiado, el taller hace una breve pero determinante presentación:

-No te creas nada de lo que vamos a explicar, ni creas ni no creas, solo abre tu mente, alma y tu corazón a lo que mueva en ti cada práctica… no creas, experimenta, vive y déjate transformar por el poder del amor incondicional.

Más de 16 horas de enseñanzas, prácticas, desbloqueos, revelaciones y sanaciones.

Más de 16 horas de energía y sublimaciones.

Más de 16 horas de Mantras, y palabras Sánscritas.

Más de 16 horas de amor, incondicional.

Firmado; una Shakti

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Es miedo, no amor

Echar de menos y no echar de más.


Me nace hablar de la pareja, me nace hablar de las razones por las que las parejas acaban separándose cuando permanecen demasiado tiempo juntos…
Me da mucha pena que no seamos capaces de solucionar los “conflictos” que nacen en lo cotidiano y que acaban siendo los que destruyen las relaciones por acumulo de toxicidad.

Dejar estar, evitar el enfrentamiento, la justificación por defecto, son algunas de las acciones que van dejando poso nocivo en nosotros, y es este poso el que acaba lapidando la relación, con lo que se podría decir que somos nosotros mismos con nuestras continuas cesiones y anulaciones los que decidimos salir por nuestro propio pie de la relación, o en el lado contrario, nos dejan porque dicen que hemos cambiado… no hemos cambiado, pero la mentira y mascara que nos ponemos para agradar al otro no es sostenible y acaba dejando paso a la verdad, esa que ya no nos cuadra porque no esta dentro de nuestras expectativas.

Nos pasamos la vida buscando esa media mitad que nos han vendido que está por ahí en algún lugar, y en el tiempo que dura esa búsqueda del amor para toda la vida, nos alimentamos de canciones llenas de amor egoico, de películas románticas que lo único que nos muestran es el momento de enajenación emocional, de enamoramiento y que, llegado el momento de mostrarnos el verdadero amor, si es que lo hubiese, nos funden a negro y nos gritan… THE END.
El final… si… del amor cegador, del vivir “encocados” y borrachos de ilusiones, fabricando expectativas que en poco más de un año se irán caducando dentro de nosotros, y con ello llegará la decepción hacia el otro, los reclamos de atención y el ego se mostrara en todo su esplendor, matando la pareja, matando ese amor que desde ese mismo ego nació.

Somos egocéntricos de pensar que alguien ha de cambiar a favor de nuestras peticiones y necesidades individuales.

No seré yo el mejor ejemplo de camino a seguir, pero sí lo soy de los caminos que no hay que seguir… o sí… porque para llegar a entender que el amor va mucho más allá del tener razón, la exigencia, la posesión, las lágrimas… he tenido que ir saltando de fracaso en fracaso… aunque bendito error el que ha sido capaz de hacerme despertar, de convertirme en ese aprendiz de persona espiritual y consciente capaz de amar desde la esencia, dando a los demás el amor que primero me he dado a mí.


Tengo 36 años y un bagaje acumulado de las experiencias y errores cometidos en mi vida de pareja. Creo, visto en la distancia y con otra perspectiva, que el mayor error que he cometido en mis relaciones de pareja es dejar de ser yo para complacer al otro. Poco a poco y queriendo evitar el conflictos, presa del apego que me generaba el temor al abandono, iba “regalando” cada una de las opiniones y decisiones que hubiese tomado si me hubiese respetado a mi misma.
De alguna forma he descubierto que evitando que me dejasen, he sido yo la que a abandonado a sus parejas por haber dejado de ser yo.

Esto me llevó a pensar y decidir que la pareja que tuviese, habria de respetarme tal cual soy, con mis luces, pero sobre todo con mis sombras… pero antes de eso, tendría que aprender a respetarme yo a mi misma, si el fin es estar con una persona que me ame como soy, no puedo si no aprender primero a darme el amor que me merezco en primera persona, y ahí estamos, creciendo.

Nos da miedo hablar y mostrarnos vulnerables, nos da miedo que nos hagan daño, quedar presos de una persona y de una forma de vida en pareja.
Partimos de una línea de salida en la que nos dejamos emborrachar por ese amor romántico, que por otro lado a mi me encanta, ese enamoramiento que nos nubla la vista y que nos hace verlo todo perfecto, no nos planteamos en una de nuestras citas con nuestra recién estrenada pareja proponer una dinámica basada en la escucha y el respeto por el otro compuesta de preguntas básicas para la construcción de una base sólida en una relación, o al menos, para saber las necesidades y momento que vive la otra persona… jugar a las adivinanzas en las relaciones no suele dar buenos resultados, mejor hablar las cosas con total transparencia - ¿cuál es tu momento? ¿buscar una relación en la que compartir buena conversación y escapadas a cenar o solo quieres una relación en la que tengamos sexo y ningún tipo de compromiso? ¿quieres tener una relación monógama o poliamorosa?¿relación abierta o tradicional?

La cantidad de preguntas que se pueden hacer son infinitas, y, dependiendo del tipo de relación que vayas a empezar con esa persona, enfocar en una dirección u otra.
Podría extrapolarse esto a las relaciones mas o menos formales en el ámbito sexual, es un aspecto importante e imprescindible para que las relaciones funcionen de la forma adecuada y con absoluto respeto por nosotros mismos y nuestra salud. La comunicación en la cama es vital, pero nos parece una “aberración” y una cortada de royo preguntar a nuestro “amante” sea pareja o no, si hace mucho que se ha realizado unos análisis de ETS, o si le gusta una practica u otra…

No somos capaces de comunicarnos por miedo…

Las carencias comunicativas se hacen patentes también con la sensación de echar de más en vez de echar de menos. Todos los autores que he tenido el placer de leer hacen especial hincapié en este aspecto. Si pasamos demasiado tiempo con nuestras parejas, si no respetamos el espacio que cada uno ha de tener para su ocio, descanso y trabajo personal, corremos el riesgo de echar de más, y cuando echas de más casi con toda seguridad estas echando de menos tu espacio, tu momento, tu vida como individuo fuera de la pareja, y eso, solo lo soluciona la comunicación.
Hablaré en primera persona cuando confirmo que cuando se honra el tiempo de los demás y el tuyo mismo, las relaciones funcionan mucho mejor, son más autenticas y en definitiva menos opresoras.
Durará lo que tenga que durar, pero se habrá vivido desde el respeto y la comunicación, y de la misma forma se pondrá fin de darse el caso, no tiene sentido pensar que la pareja y relación que tenemos con una persona a día de hoy vaya a ser la misma que necesitemos o que nos haga crecer en un futuro, las personas evolucionamos, aprendemos y andamos un camino en el que no tiene porque estar la misma persona, al menos no como la pareja que ha sido hasta ese día.


Hay tiempo para todo, y aunque parezca complejo mantener la “distancia” y respetar el espacio de cada uno en 50 metros de piso sin terraza, si hay buena comunicación y respeto, se pueden establecer espacios y tiempo para todo. Yo adoro estar en mi oficina y mi pareja podría pasarse horas meditando y leyendo en la habitación. ¿Y las niñas? De eso hablaremos en otro momento pero incluso ellas, son capaces de entender de la importancia del espacio de cada uno.

Echar de menos y no echar de más.

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La Templanza

Hace algo más de 8 semanas que comencé El Camino del Artista, un taller semi- presencial que guía Marian en torno al libro creado por Julia Cameron.

Entre otras actividades como reuniones presenciales y sesiones telefónicas , estamos realizando sesiones conjuntas virtuales.

Sea como fuere, el alma de estas reuniones reside en las ganas de hacerse preguntas y crecer de cada uno de los componentes del grupo.

Hoy el grupo de los martes hemos compartido algo mas de una hora y media de experiencias, vidas “ideales” y acciones reales para hacer desde esta misma semana para llegar al objetivo

Exponer las ilusiones y creencias limitantes de cada uno de nosotros de esta forma común, nos ayuda a empatizar, a ser más comprensivos con nosotros mismos y a ser soporte emocional unos de otros.

Contar con la guía de Marian, ofrece un canal brillante donde dejarnos caer, de modo que podamos mostrarnos en total vulnerabilidad. Hoy ha compartido con nosotros una carta del Tarot, la carta de LA TEMPLANZA. Nunca he sido muy creyente de este “juego predictorio” pero he de reconocer que me abro a conocer la experiencia y comprobar su realidad conmigo misma.

Nos ha invitado a observarla y a identificar qué parte de la misma es la que nos llamaba la atención… pues bien, lo que mas ha llamado mi atención es el camino que lleva al centro de dos montañas y al sol…

Soy una persona emprendedora, soy una creadora incansable, una mujer persistente en lo que se propone. Podría decirse que llevo casi toda la vida creando el camino que estoy andando. Dice mi hermana que soy tan emprendedora que emprendo por ella y por las otras tres hermanas que tengo… también es verdad que soy la que más “fracasos” y aprendizajes acumulo. (En mi afán por ser generosa conmigo, intento no ser demasiado dura con las criticas en cuanto a “abortos creativos” se trata, seleccionando siempre todo lo bueno que cada uno de estos pasos me ha reportado para seguir caminando.)

Pues bien, me decía Marian con relación a la parte que he seleccionado de la carta de la Templanza, que soy una persona con el objetivo muy claro, que estoy en el buen camino, pero que los resultados tal y como los quiero no serán inmediatos, -Templanza en el caminar de tu camino, llegar, llegarás –

Media hora después y sorprendida de toda la información que de una “simple” carta se puede sacar, hemos dejado fluir la reunión, llevando a cabo una adaptación de un juego maravilloso en torno a emociones, vivencias y valores llamado Transformation Game.

Pues bien, el tablero tenia preparada para mi la pregunta… -Qué es lo que más valoras de las personas?- BOOM

Valoro la honestidad de los demás, la que nace de la esencia.

-Has de permitirte ser honesta contigo misma primero…- me ha dicho la facilitadora de este increible juego.

Todo esto después de que mi respuesta a la pregunta de la primera dinámica trabajada en la sesión a cerca de lo que seria para mi una vida ideal fuese la siguiente…

- Mi vida ideal seguramente sea ayudando y compartiendo con los demás a través del audiovisual, escribiendo o algo así, seguramente seria madre también… pero lo mas importante para mi no es tanto el qué estaré haciendo en mi vida ideal sino el cómo soy yo en mi vida ideal, soy libre, de condicionamientos, de estereotipos, libre de pensamiento, creencia y decisión.

Reflexiono entonces que primero habré de darme permiso para ser honesta conmigo misma, pudiendo entonces ser más libre y que el resultado sea llegar por el camino que ya vengo andando, al objetivo y destino que tengo enfocado.




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Yo, no sé meditar

Yo, no sé meditar

La palabra meditación y yo  nunca hemos tenido demasiada buena relación. Nunca nos hemos puesto de frente y la he negado, simplemente he hecho como si no existiera, como si formase parte de la vida y vocabulario de otras personas.

Escuchar la mente, o dejarla en blanco… ¿qué sentido podría tener eso?

Desde muy joven he disfrutado de vivir metida en una espiral de generar, hacer, producir, ganar, perder, tener… ahí, la parte que no es tangible tiene poca cabida, y el silencio mental es un absoluto desconocido.

Un día cualquiera, de esos en los que te levantas y crees que todo seguirá igual, tu vida te para con un ataque de ansiedad. Al final, estaba acumulando más de lo que era capaz de gestionar.

Enfocada en aprender a vivir con tal descomunal cúmulo de información y de problemas de mayor o menor relevancia, descubrí que lo que tenía dentro de mí era un cuello de botella que no dejaba salir nada de lo que tenía dentro.

Fue entonces, hace algo más de 15 años cuando tuve mi primer contacto con una profesional que me hablo de “canalizar” para poder afrontar lo que estaba viviendo. Y canalizar no es otra cosa que parar y observar cómo responde la mente para que desde la tranquilidad, se puedan ir sacando las cosas que nos generan un peso extra y no nos dejan continuar.

Para esos entonces llegó a mi vida el libro “La buena crisis” de Alex Rovira, desde entonces nada ha sido igual en mi vida.

Pero yo, no se meditar.

Cambié de ciudad y de vida, dejé atrás familia, amigos, hogar y cientos de miles de experiencias, me marché sin mirar atrás, aunque a veces cuando vuelvo a mis raíces, siento que de alguna manera nunca me fui. Deje todo atrás, pero me lleve mi estilo de vida, el mismo estilo que me acorralaba continuamente y me esclavizaba. Querer ser la mejor y llegar más alto tenía un precio que merecía la pena pagar, al menos eso creía.

Unos cuantos años después de mi llegada a la capital, una hija y embarazada de la segunda, vivo mi segundo bloqueo y ataque de ansiedad,  conduciendo y en pleno trayecto al trabajo pierdo la vista, a una velocidad de 60km/h los segundos parecen horas para unos ojos que no pueden ver y para un cuerpo en el que se activa el modo bloqueo por “peligro”… la vista volvió, así como los dos años sin conducir fuera de la ciudad por miedo a que volviese a pasar.

De nuevo el cuerpo me había dado un aviso.

Con el tiempo descubrí que por más insistencia que hubiese por mi parte de no escuchar a mi cuerpo, de no entender a mi mente, jamás podría obrar de forma paralela, ya que todo es uno y lo que afecta de una u otra forma a una de las partes, arrastra al resto.

“Si tu cambias, todo cambia”, había escuchado esta frase infinidad de veces, pero sinceramente, nunca le había prestado mucha atención, pero decidí probar  y actuar en pro de lo que decía…

Comencé con el cambio y de forma casi mágica empezaron a aparecer en mi vida todo tipo de maestros, coach, psicólogos, instructores… cada uno con un mensaje, cada uno con una enseñanza…

Pero yo, no se meditar.

Aparece entonces mi gran maestro, que, sin saberlo, me hace de ejemplo y me inicia en lo que de lejos pareciera ser una vaga intención de meditación…

Demasiada actividad dentro de mi cabeza…

  • -Tienes muchas cosas que hacer para estar aquí parada sin hacer nada…
  • -Que pérdida de tiempo tan grande
  • -No vas a conseguir dejar de pensar en todo lo que tienes que hacer
  • -Esto no es para ti, eres una ingenua si pensaste por un momento que funcionaría
  • -Puedes quedarte aquí parada o ponerte a producir…
  • -Parar es un lujo que igual no deberías estar tomándote en este momento…

Entre tanto, aparece por casualidad el libro “El disfraz el meteorito” de Cris Novela y si bien el libro llamó mi atención por abrirme los ojos en cuanto a la obsesión que tenemos en esta sociedad por mostrarnos de una forma muchas veces poco real y creernos además esa imagen falsa de nosotros mismos, pero que encaja a todas las escalas dentro de los círculos y estándares, fue el proyecto que hay escondido detrás del mismo el que me hizo creer en el poder de la mente.

La vida me regaló poder tomar café con Cris, que es un baúl lleno de magia la mires por donde la mires… puedes creer o no en su espiritual estilo de vida, cuestionar sin pruebas la eficacia de su método, puedes envolverte en el desconocimiento que nos hace verter juicios… pero hay algo que no puedes hacer cuando la tienes delante, sentirte indiferente.

He conocido pocas personas que como ella te miren de frente largos minutos mientras hablas, ese tipo de personas que parecieran tener el poder de ver lo que tienes dentro con solo observarte, ese tipo de personas que dan luz a toda ser que tocan… Cris es ese tipo de personas, calmada, cercana.

-Voy a subir unas meditaciones en The Wake Up Concept  a las redes sociales, igual podrías ver que tal te funcionan –  me sugirió

-Yo, no se meditar – repliqué

Pleno confinamiento, más de 18 días encerrada en 60 metros de piso, con algo más de 5 ventanas por las que dejar entrar la luz y el aire… 18 días compartidos con dos almas inquietas de 4 y 6 años… 18 días en los que se necesita algo más que buena voluntad para encontrar la paz y el equilibrio en el caos.

Ahí estaban aquellas meditaciones, seguidas de un breve y modesto mensaje que conseguía hacerte pensar largo rato después de escucharlo… ahí estaban sus meditaciones guiadas, sostenidas por una música capaz de transportar a otra dimensión a cualquiera que se diese la oportunidad de parar y dejarse llevar.

- Yo, no se meditar Cris, he conseguido un estado de relajación enorme, he repetido cada meditación varias veces y lejos de conseguir “meditar” lo único que he conseguido es sentirme en paz durante ese rato en el que escuchando tu voz a parecido pararse el tiempo-  envié en una nota de voz a Cris 

-Si te relajas es precisamente porque consigues esa conexión energética Bea, y ese  es precisamente el resultado. Tu versión más pura es la que está en paz con todo. ESA es tu esencia. A que molas mucho? Y lo mejor… a que no te conocías?-

- Yo, no se meditar, pero he meditado -



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Círculo de Mujeres

Circulo de Mujeres​

​el poder alrededor de una hoguera


Necesitamos volver al pasado, a nuestro estado más primitivo para conectar con nuestra esencia de mujer, con nuestra visión grupal, familiar, de tribu.

En estos tiempos en los que prima la individualidad, el autoconocimiento, el andar en pro de nuestro propio beneficio y el de los nuestros, no podemos olvidar la importancia de sentirnos dentro de un núcleo, tribu o grupo social.

Ayer, de nuevo Gemma me sorprendió con uno de sus talleres llenos de magia.

16 mujeres alrededor de una hoguera de altas llamas sintiéndose libres, sintiéndose poderosas, sintiendo el apoyo y sostén de otras mujeres. Ayer participé por primera vez en una tribu de mujeres, un circulo de hembras, féminas, damas, señoras, señoritas, doncellas, muchachas, mozas, chicas…mujeres, honrosas mujeres.

Me tranquilizó mucho escuchar a todas las componentes del círculo, cada una de un lugar diferente, cada una con una misión de vida diferente, cada una única e irrepetible, cada un especial y diferente de la otra. Es ese tipo de cosas las que hacen ricos estos lugares de acompañamiento femenino. Me emociona ver la cantidad de “poderes” que se pueden enumerar solo por el sencillo hecho de ser mujer, y me centro en las mujeres por ser este un circulo femenino.

Desde que empecé con mi crecimiento personal y mi trabajo de auto conocimiento, he venido observando la desconexión que tenía con otras mujeres, mi individualidad en ese aspecto, mi desarrollada  esencia masculina enfocada al deber, mi álter ego de mujer madre, creativa, emprendedora y auto suficiente. Si bien siempre he sido amiga de mis amigas, nunca he acumulado gran cantidad de ellas, y siendo mis hermanas las que han encabezado las listas a lo largo de mi vida, he tenido poca necesidad extra de pertenecer a “grupos” de mujeres. Fue el momento de ser madre el que me dió el primer impulso a buscar la empatía y el soporte de otras mujeres que como yo, vivían cosas a las que no siempre sabemos hacer frente.

Siguiendo la línea básica del ser humano perfectamente imperfecto, necesité verme encerrada y contra las cuerdas para empezar a valorar que los grupos de mujeres y las tribus que se formaban en torno a diferentes temas y estilos de vida, eran más que algo enfocado a personas espirituales y de forma puntual en la vida de una mujer.

Ahora, formo parte de diferentes grupos tanto mixtos como de mujeres, de diferentes culturas, países e ideales, y aunque sigo acumulando un puñado de amigas especiales con las que comparto mucho más que circulo común, estoy encantada de la oportunidad que en esta ocasión Gemma Cazorla me ha brindado de sentirme como en casa. Acompañada de grandes mujeres con las que compartir todo el poder de la esencia que contenemos como energías femeninas.

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Ser mujer, SER MADRE

El arquetipo de la madre.

La madre, la amante, la fase ovulatoria o la luna llena…

Todas hacen referencia a ese momento en el ciclo de la mujer en que a mi modo de sentir, somos “mamá gallina” y no solo por que tengamos hijos, sino porque también tenemos madre, porque tenemos ese sentimiento tierno de cuidar a los nuestros.

Acompaña el curso de la semana un cuento maravilloso que adjuntaré narrado por la misma Gemma para que podáis inundaros de la mágia que contiene en sí mismo, más allá de creencias varias. El cuento es el de la mujer árbol. (Escuchar Cuento

Nos regala Gemma entre muchas otras reflexiones en su curso Nútrete para Nutrir, una canción final para reflexionar.

Esta semana será ahí donde me detendré, y en lo que me gustaría hacer hincapié. Soy madre, y bien podría detenerme en mi propia maternidad, pero escuché aquella especial canción y todo me indicó que de quien quiero hablar no es de mí como madre, sino de mí, como hija hacia su madre.

Me vienen recuerdos de la que creo ha sido una de las épocas más duras a nivel de desarrollo emocional, la adolescencia que viví, y no solo viví, sino que hice “padecer” a mis padres, en especial a mi madre.

Ahora, visto en la distancia, me avergüenza la idea de recordar que hubo un tiempo en que odiaba a mi madre, la odiaba profundamente.

Esa mujer que todo lo criticaba, que siempre hablaba en imperativo. Esa mujer que me cuestionaba, censuraba y que me hacia la vida imposible. Esa mujer que no era justa conmigo. No era yo tan mala malísima, ni tan rebelde, ni tan contestona y “respulera”… o eso pensaba desde lo más profundo de mis adentros. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Era, aunque no fuese consciente, una adolescente de manual, de riguroso manual, pero yo no me sentía así. Sentía que era una incomprendida y que a pesar de que a mis hermanas también se les exigían determinadas tareas de convivencia, las mías siempre eran más duras y estrictas… o eso creía. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Me escapé varias veces de casa, con la supervisión de mis hermanas, éramos una piña y a pesar de que no siempre estaban de acuerdo de las decisiones inmaduras que tomaba, siempre me apoyaron, me hice un piercing en el ombligo siendo menor y acudiendo sola y a escondidas a hacérmelo, eso supuso una grieta enorme en la confianza que se había depositado en mi, si es que alguna vez se confió en mí, o eso pensaba. A pesar de todo siempre estaba ahí para mí.

Creo que fui acumulando decepción tras decepción en mis padres, fui la primera en suspender un examen, la primera en repetir un curso, me fui a estudiar fuera porque quería bailar  y tiré un año entero a la basura a costa del esfuerzo económico que mi “capricho” suponía para mis padres, suspendí el carnet de conducir,  me casé joven y me divorcie a los dos años…  una joya…

Nunca entendí porque mis padres eran tan “censuradores”, no lo entendí hasta que me independicé, y eso fue pronto porque necesitaba salir de un lugar en el que no consideraba que se respetasen mis “derechos” ni “libertades”.

Maduré, y empecé a ver con perspectiva. Empecé a conocer el miedo que movía a mis padres a la hora de educar a sus hijas, entendí el dolor que cada fracaso que yo vivía también lo padecían ellos. Maduré y entendí cada uno de los pasos que dieron mis padres, que dio mi madre, todos y cada uno de ellos.

Ahora soy yo la madre y no creo saber hacerlo mejor de lo que lo hizo ella conmigo. Es más, espero que llegado el momento, sea yo la que tenga la entereza que demostró ella siempre frente a sus hijas en pro de que fuesen las mujeres que son hoy.

Es en buena parte gracias a ella que somos mujeres integras, responsables, amorosas con los nuestros, empáticas, luchadoras y sobre todo libres, somos mujeres libres, como siempre lo ha sido ella para nosotras y es ahí donde reside la grandeza de una madre para sus hijas.

A día de hoy sigo acumulando aprendizajes y éxitos en mi vida, sigo siendo la hija que arriesga para ganar, la que no teme a nada y sigue adelante, por un camino que aprendió del mejor ejemplo que tuvo, tiene y tendrá en su vida, su madre.



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El tiempo, es lo que haces con EL TIEMPO

     El tiempo, es relativo. 

    El tiempo, es lo que haces con el tiempo.


Con independencia de la situación particular de cada familia, en las que hay personas más o menos mayores, con diferentes grados de riesgo.

Con independencia de que a causa de todo esto nos metamos en una crisis hasta ahora no conocida… con independencia de todo esto quisiera hacerme eco en el “cómo” vivimos el “regalo del tiempo”.

El tiempo… esa palabra que hace referencia a algo relativo, y diré relativo porque depende de cada uno el cómo se viva.  Si bien es el mismo para todos y 60 segundos siempre serán 1  minuto, seas de la clase social que seas y vivas donde vivas, es una realidad que hay quien ve en esos segundos un momento efímero sin más y hay quien ve un puñado de oportunidades por cada segundo que pasa en su reloj. El tiempo, es relativo. El tiempo, es lo que haces con el tiempo.

Pedimos tiempo, es comúnmente conocido como el bien más preciado del ser humano del primer mundo, no tenemos tiempo, o si, pero lo seguimos reclamando, porque el que se nos ha dado a todos por igual lo tenemos invertido en cientos de miles de cosas que hacer y que atender, muchas de ellas sin sentido. Una de dos, o no sabemos aprovechar el tiempo o sencillamente no está equilibrado el número de cosas que hacer con las horas de las que disponemos al día.

Sea como fuere, nos pasamos el tiempo reclamando más tiempo.

Tiempo para estas con nuestras familias

Tiempo para leer, escribir, bailar, cantar…

Tiempo para tener una buena conversación con nuestras parejas…

Tiempo para compartir con tus hijos…

Tiempo para cocinar y comer disfrutando sin prisa…

Tiempo para meditar, tiempo para descansar…

Queremos más tiempo, y nosotros por si solos no somos capaces de sacarlo de ningún lado, todo lo que compone nuestra vida ocupando minutos y horas, por lo visto, es imprescindible… Y de repente, un día, TODO SE PARA.

Se nos regala tiempo, y no por una causa que nos agrade ni por la que nos alegremos, pero se nos regala tiempo, y entonces, la misma ansiedad que nos genera el no disponer de el, nos aumenta al vernos desbordados de minutos que disfrutar fuera de lo rutinario, lo pautado , lo agendado.

Pasamos de la burla a la situación de encierro al drama más absoluto por no saber qué hacer. Vivimos tan sobre-estimulados que no somos capaces de permanecer en nuestras casas, dotadas de todo tipo de comodidades, tranquilamente y disfrutando de tan solicitado y preciado tiempo para nosotros.

Y no soy una mujer de mediana edad que vive sola, soy una mamá que vive con sus dos hijas pequeñas cargadísimas de energía, que tienen una montaña de deberes que hacer cada día y que cuando se repartió la paciencia debía esta distraída… soy una mama que pasa todo su tiempo haciendo cosas, para ella y por los demás, es más, a veces peco de sobrecargar mi vida con millones de cosas, evitando así pararme a escuchar qué es lo que realmente necesito. Me sorprende descubrir que aún no hemos encendido la tele y que los whatsapp se acumulan en mi teléfono, ahora que es cuando más tiempo tengo, no lo tengo para estar tirándolo… curioso…

Veo a mis hijas en su inmensa inocencia y sabiduría, tienen claro lo que quieren, jugar, siguen teniendo poco tiempo para jugar, solas, con su hermana o con mamá… y es que es precisamente jugar lo que necesitamos los adultos. Es lo primero que sacrificamos, el tiempo de disfrute, el jugar, y eso a la larga nos pasa factura. Nadie se queja de pasar poco tiempo en el trabajo, nadie osaría a pedir más tiempo de atascos, de innumerables obligaciones domesticas o sencillamente nadie se quitaría más horas para dormir, nos quejamos de no tener tiempo para nosotros, pero es el primero que sacrificamos, porque al parecer eso no es prioritario.

Es posible que de este momento a cuatro o cinco días más, los 60 metros de piso se nos queden pequeños, la “terraza” de un metro cuadrado donde mis hijas han decidido tomarse el postre compartiendo espacio con las escobas y la lavadora también sea insuficiente… pero ¿qué sentido tiene ponernos a pensar en eso? Hace una semana no tenía tiempo, y ahora, lo tengo todo.

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Supongo que rendirse, NO ES UNA OPCIÓN

Supongo que rendirse, NO ES UNA OPCIÓN

Supongo, palabra que esconde el miedo, con aspecto de humilde, de hablar con la verdad que tenemos, nuestra verdad.

Supongo que para mí, rendirme nunca fue una opción, supongo además que todo aquello que he vivido conforma el vestido con el que me presento al mundo a día de hoy.

Supongo además que cada fracaso, cada caída, cada volver a empezar… solo ha hecho que ayudar a consolidar con más fuerza si cabe mi personalidad, mi persistencia y sobre todo mis ganas de superarme cada día.

Supongo que hoy es el principio de la que espero sea una larga historia de amor, con mis sueños, con mis alegrías, con mi hambre de crecer, con mis expectativas, con mi crecimiento personal, supongo que este es sin duda el principio de un gran amor, conmigo.

Supongo que el éxito radica en la capacidad de levantarte tras cada caída, en lamerte las heridas el tiempo justo y necesario para dar un paso al frente y seguir caminando.

Supongo que de tal palo, tal astilla, que todo aquello orgullosa veo en mis hijas viene del mismo lugar del que nacen los gestos menos agradables y los complejos espejos que me muestran

Porque supongo, que para convertirte en la mejor versión de ti mismo, necesitas conocerte, necesitas ayudarte, necesitas valorarte, cuidarte, amarte….

Para ser mi mejor versión tengo que dejar de suponer y empezar sin miedo a ser.